lunes, 29 de noviembre de 2010

Mi primer viaje

Es extraño, no recuerdo el viaje de las Navidades del 76 desde Campillos a Madrid. Llevo dándole vueltas desde hace días y no lo consigo. Seguro que viajé con los autobuses de Lillo. No, no hay forma, se ha diluido.

En esta serie de relatos cortos os relato el cómo, el qué y el cuándo. Pero me vais a permitir la licencia de que, en algunos relatos, cambie el quién. Muchos de vosotros reconoceréis estos nombres, es normal, éramos una comunidad cerrada y algunos de nosotros éramos famosos por lo “revoltosos”. Dado que algunas personas pudieran tener problemas ya que su vida puede ser de interés del amarillismo periodístico español, he decidido el cambiar nombres y algunas situaciones. Creo que después de todo lo que hemos pasado nos merecemos un presente y un futuro tranquilo.

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Domingo 8 de enero de 1977, serían las 9 y media de la noche en la estación de AtochaPrisas y nervios para no perder el tren. El andén, no lo recuerdo, pero sé que era el de la derecha. Ahí estaba el tren Costa del Sol. Ese lazo de unión entre la capital y Málaga, todo ello parando por una miríada de pueblos y no tan pueblos. Mis maletas, viajaba con mis dos maletas grises. ¿Cómo es posible que llevara tantas cosas? Ah! Si, es que mi madre me quería revisar todas mis pertenencias. Que no hubiera perdido nada y que todo fuera muy limpito.

En el andén observo algo de revuelo, veo un grupo de personas que están despidiéndose. Gente de mucho dinero. Veo abrigos de pieles, alhajas, sombreros, un exceso de ostento todo moda de los 70. El padre es el que calza un abrigo de pieles, creo que zorro, pantalones de campana y sombrero de ala ancha. Hoy diría que parece un “macarra” setentero del Bronx. Ah! Debe de ser eso lo que mi madre denomina “nuevos ricos”. Del grupo destaca una preciosa chica rubia de melena larguísima y ojos claros. Me recuerda a Mari Mar, mi novieta de cuando estaba en párvulos. Veo una madre y a su hijo, son los viajeros. Nada fuera de lo normal, bueno si, demasiados aspavientos para irse de vacaciones. Mi madre me da consejos, no pierdas esto, controla lo otro no te gastes tanto dinero en el economato que las cosas no están para fiestas, dale betún a las botas que tienen que durar todo el año… Yo me bloqueo, he estado oyendo a mamá todas las navidades con el mismo “villancico”. No le presto mucha atención. Desvío mi atención al grupo de al lado, parece más interesante. Oigo un que si pórtate bien, otro no me defraudes y finalmente un no te olvidaré. Este último pronunciado con musicalidad amorosa por el “clon” de mi primera novia que pone ojitos de besugo. Con el tiempo aquel “clon” de mi primera novia lo he seguido viendo al igual que ese día, desde la distancia. He visto como ha madurado como yo, como ha tenido hijos y todo esto refugiándome en el anonimato. Ella no sabe que yo la observo, que sé todo eso de ella (…). Oigo al padre recriminar al hijo por las notas -Esto no puede seguir así Alex, no sé qué vamos a hacer contigo. Esta es tu última oportunidad-. Ahora sí que lo tenía claro, Alex va a Campillos


Dirijo el foco de mi atención a mis padres. Veo las bolsas bajo los ojos de papá. ¡¡¡Que cansado está!!! Me ayudan a colocar las cosas en el compartimento litera. Mi madre charla con mis compañeros de compartimento, les pregunta sobre sus destinos y de donde vienen, en que trabajan y que si (…) Sigo convencido que si mi madre se hubiera presentado a las oposiciones de la brigada político-social hubiera aprobado con la mejor nota. Mi madre es capaz de hacerte la misma pregunta de 25 formas diferentes y todas seguidas. Vamos que los de la KGB eran bebés de teta al lado de los interrogatorios de mamá. Oigo a mi madre encargar al más aparente de ellos mi vigilancia, que no se me pase la estación, que no me baje antes. Observo con deleite los ojos agobiados del pobre interpelado y le guiño un ojo. Mama finaliza contándole no se qué historia, de esas que nos avergüenzan a todos, de mi infancia. Afloran los colores en mis mofletes, mis orejas se encienden, entonces es cuando el desconocido me envía un guiño de complicidad. Estamos empatados.

El agobio se me está pasando, siento revuelo en el andén. Estoy en el primer coche de turista, esa forma tan peculiar de llamar a la 2ª clase. Estoy tras los vagones de primera. Mis padres están en el andén. Papá me mira con esos ojos agotados, debiera estar durmiendo. Cuando se vayan de Atocha dejará a mama en casa y después ¿para qué dormir? Se irá al ministerio. Trabaja de sol a sol, como un negro. Desde las 2 de la mañana que sale de casa hasta las 8 de la tarde que llega. De lunes a lunes. Tiene 44 años y el año pasado, cuando falleció “el caudillo”, casi no le acompaña por un triple infarto de miocardio, pero esa es otra historia. Desvío mis ojos, nunca había visto en vivo una despedida con pañuelos ¡que ridículos! Estos ricos son un poco idiotas. Veo a Alex y a su madre en la ventana bajada del coche precedente agitando sus mocos y miasmas y al resto del grupo incluida a la novia de Alex en el andén haciendo lo propio. Miro a mis padres y les hago una mueca divertida, no consigo sacarles sonrisa alguna. El tren arranca, y me perturba la serenidad de mis padres “plantados” en el andén frente a los llantos de la novia abandonada, corriendo tras el tren, el padre agitando el pañuelo de seda –algo afeminado para mi parecer, bueno ¡es que son ricos!- y hasta el primo, un chicarrón de 16, llorando. ¡Qué tragedia! ¡Qué esperpento! ¡Qué tontos! Y yo ahí mirando con tristeza a mis padres inmóviles en el andén, viendo como se empequeñecían poco a poco, Cómo la estación se aleja, como la noche se come al “Costa del Sol”.

Me aburro, veo a otros chavales del internado. Yo era el Bi-Novato, nadie se acerca a mí. Soy un apestado. Nubes se ciernen sobre mí. ¿Hasta cuándo va a durar esto? Me echo en la litera, me ha tocado la más alta, creía estar contento por estar arriba, pero después descubriría que era un error, era una incomodidad para mis nerviosos 12 años y para el confort de las dos personas que viajaban bajo mi litera. Me quedan 3 meses hasta Semana Santa… Un montón de fines de semana. ¿Para qué estudiar? Me da lo mismo apruebe o suspenda no saldré…

En mitad de esos funestos pensamientos empieza a germinar una idea, un rayo de luz. ¡Espera, no soy tan novato. El pardillo este AHORA es más novato que yo! Jejeje seguro que me quito el sambenito ese que no me deja tranquilo. Decidido bajo de la litera de un salto. Esto no es una litera campillera. Patapum! Me acabo de dar de bruces con el hecho de que estoy a casi 2 metros de altura. Salgo cojeando al pasillo. Me muevo de un lado al otro del tren. Después de un rato me encuentro a Alex entre vagón y vagón fumándose un cigarrillo negro y largo. Un rato más tarde el me informaría que era un More y a que sabía. Se lleva la mano izquierda a la boca y se quita el pitillo. Lleva un reloj color naranja butano. Un “peluco caro”. Un Loden cubre el equipamiento Levi’s; pantalón Etiqueta Roja y la camisa blanca es una Etiqueta Marrón. ¡Mira que es pijo el tío este! Le pregunto en qué curso se matricula en Campillos. Se matricula en 6º de EGB.

¡Estoy salvado! Mis ultimos momentos de Bi-Novato

… continuará …

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