miércoles, 29 de diciembre de 2010

Mi primer viaje (y II)

¿Entonces estas en Sexto de E.G.B.? Hum! Vamos a ser compañeros. Yo tenía que sacar toda la información posible. ¿Cómo te llamas? Me pregunta -José Luis-, y engolando su voz me dice “Mi nombre es Alejandro de Urrutia y Estupiñán-Bolea* pero mis amigos me llaman Alexander.” ¡Fiú! vaya apellidos pienso yo. Y antes de que terminase con estos pensamientos me aclara: Es que vengo de dos familias de mucho dinero (…) Mi papá es pintor (…) ¿Cómo? ¿Es no has oído hablar de él? Y mi mamá es intelectual ¿Eres de Madrid? ¿Dónde vives?, Y con voz tenue le contesto -en la calle de la Oca- ¿Y eso dónde está? Pues yo vivo en la calle Serrano. La verdad es que la conversación empezaba a tomar unos derroteros que no esperaba.

Me relata su trayectoria por los diferentes internados, unos más orientados hacia la formación tanto espiritual como humanística, otros más orientados hacia la disciplina. Se daba la circunstancia de que habíamos coincidido en el prestigioso SEK. Él había hizo un año en el SEK El Castillo en donde además de una formación de primera, disfrutaba de pistas de tenis, baloncesto, piscina tanto al aire libre como cubierta, caballos… y yo había estado en el SEK de Arturo Soria. ¿Y en San José se practica hípica? Nooo Alex, pero en San José tenemos cine, teatro, pistas de baloncesto, tenis, un campo de futbol, hockey sobre patines, un gran gimnasio. No daba demasiados detalles de las condiciones deportivas que tenia Campillos. Después de haber pasado un verano en el SEK, tenía mis propias ideas de lo cutre que era el deporte en San José y de las carencias de material deportivo. Me dice que se va a cenar, eso me hace recordar el bocata preparado por mi madre y de las 500 pesetas que me había dado para los gastos varios como el taxi desde Bobadilla a Campillos. Al final me dice que le consultará a su madre pero, diga lo que diga y se ponga como se ponga, cenaremos juntos.

Ahí estábamos los tres en el coche restaurant del Costa del Sol, Alex, su madre –una señora estupendísima- y yo. Empezamos a cenar y a conversar. Bueno, más que conversar aquello era un interrogatorio en toda regla. Todo hay que decirlo, la clase no lo hace todo, esta señora “superestupendísima” debía de ser de algún servicio secreto de segunda por la forma de enhebrar las preguntas. No se parecía en nada a los interrogatorios a los que me tenía acostumbrado mi madre. Preguntaba cómo funcionaba el centro, la lavandería, la reserva de los campos de deportes, las actividades extraescolares, las excursiones, los dormitorios, la limpieza, “el-la-los”…

Por las preguntas que hacía ya iba yo haciéndome una idea de lo perdidos que andaban. Me daba la impresión que les habían vendido un centro que no existía. Seguían las preguntas acerca de los muchos servicios que daba por supuesto esta mujer y que, evidentemente, su hijo no iba a encontrar. Me volví a centrar mi objetivo, el recabar toda la información posible, no en darla. Mi objetivo era abandonar mi situación de Bi-Novato. Les hablé del cine, de que en los fines de semana se podrían llegar a ver hasta 5 películas todas muy “buenas” ¿Títulos? ¡Huy no recuerdo ahora ninguno! Por cierto Alex, cuando lleguemos te he de decir cómo conseguir las entradas para el cine. ¿Hay que llevarlas? Si, son gratis, pero sin ellas no te dejan entrar. Acababa de centrarme, acababa de poner mi primer ladrillo del muro que me separaría de mi status de novato. Empezaba a ser veterano. Tras esto ya me lancé, Alex pero antes de tener las entradas de cine has de coger el número de ducha. ¿Están numeradas? Me pregunta la madre, si señora, además de numeradas tienen un horario. Es que somos 2500 alumnos. ¡Qué organización! Ves Alex, esto es lo que necesitas, mano dura y mucha disciplina. Entradas para el cine, planificación y asignación de ducha, la ropa numerada para la lavandería, una alimentación de primera y unas instalaciones deportivas inmejorables (…). ¿Dejan fumar? No señora, fumar está prohibido para los alumnos que cursen por debajo de 8º de E.G.B. Eso me gusta, no creo que críos con 11 años deban de fumar. ¿Tiraste el tabaco como te dije Alex? Si mamá, lo tiré, bueno esto…, se lo di a la “chica”. Mientras dice esto me mira brevemente, lo justo para que sea una mirada imperceptible de complicidad.

La madre cotorreaba acerca del marido, de lo bien que pintaba. No entendía que no conociera la “obra” de su marido. Después me hizo un recorrido por el árbol genealógico del artista, desde sus orígenes hasta hoy en día. La verdad es que cuando empezó a ir hacia atrás en el tiempo y empezaron a caer “Urrutias” y “Estupiñanes-Bolea” de tal forma que hasta se vislumbraban orígenes comunes. Yo ya me había puesto en modalidad “respuesta automática” y contestaba con respuestas cortas, secas y monosílabicas. Viajó tan atrás en el tiempo que al final me sacó un primo del tatarabuelo de su marido que estuvo con un tío bisabuelo mío en Buenos Aires y que seguro que se conocieron ya que ambos eran “constructores”. Bueno hay que aclarar que mi tío bisabuelo era albañil y seguramente el primo octavo ese también lo sería… Claro, evidentemente si tiras lo suficiente hacia atrás coincidirá que tenemos familiares comunes; Adán y Eva.

Después de dos largas horas de charla superficial tocó ir a dormir. Yo a mi litera de tres alturas y ellos a su coche cama de 1ª clase. Tras una noche larguísima a las 6 de la mañana pasó el revisor, avisando que llegaríamos a Bobadilla a las 7.30. En el tren hacía un frio de cuidado, Me levanto, no tengo muchas ganas de desayunar. Coincido con Alexander en el pasillo, me vuelve a invitar a desayunar con ellos. Ok, bien, encantado. Acompañamos al café con leche con unos “croasans” madrileños. ¡Qué ricos que están! Dulces, con algo de fruta escarchada dentro, mullidos, con ese sabor a mantequilla (…) Cada vez que me tomo un croasan recuerdo esos bollitos de mi infancia.

Amaneciendo llegamos a Bobadilla, con un frio de cuidado, casi frisando los 0º C. vamos ni frio ni calor. Bobadilla, que en 1976, era una aldea antequerana perdida en medio del campo y cuyo medio de subsistencia principal era la agricultura, también vivía de la estación de tren pues era un punto neurálgico de la vida ferroviaria andaluza y, de forma derivada, de los alumnos que trimestralmente deambulaban por la estación. Otro punto de riqueza del pueblo era el Bar Juani, cafetería estratégicamente situada frente por frente de la estación y que era el sitio en donde todos nos tomábamos un cafelito a la espera del taxi, justo antes de ir a Campillos . Matabamos el tiempo oyendo los exitos de la gramola mientras calentabamos las manos con el café hirviendo. Finalmente otra fuente de ingresos importante de la comarca era el único taxi del pueblo, que te cobraba 300 pesetas por hacer los 14 kilómetros que separaba ambas poblaciones.

Me sorprendió que al llegar a nuestro destino Alex se bajara del tren solo,. Su madre se quedaba pues seguía camino hacia Málaga en donde había quedado con una tal “Mari-Puchi” y tenían que debatir acerca de la liberación femenina frente a los cambios políticos que se avecinaban…. Y claro, no podía faltar a su cita con “Mari-Puchi”. La verdad es que no me imaginaba a esta señora tan estupenda quemando su carisimo sujetador o lanzando sus paños menores a la cara del pópulo tal y como había visto hacer a las feministas más radicales en las manifestaciones de la plaza de toros de Vista Alegre. Eran extraños esos convulsos años de transición.

Cogimos el taxi, un Seat 1500, íbamos Alex y yo solos. Yo cargaba con mis maletas (dos) y el con las suyas (otras dos) y un colchón. Sentía el desasosiego de volver a un sitio odiado, y a medida que avanzábamos por los campos de olivos y de trigo sentía que la oscuridad se iba apoderando de mi corazón, desplazando la alegría de haber estado con los míos.

Volvía a Campillos.

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